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lunes, 26 de marzo de 2012

RELATO: ¿Contigo? Siempre, hasta el infinito.


Des de hace bastantes años en mi casa somos una familia de acogida, eso quiere decir que cuidamos a los recién nacidos huérfanos hasta que encuentran una familia que los adopte. Siempre nos traían bebés hasta que llego Paula, ella tenía 4 años y vivía en el orfanato hasta que le diagnosticaron una deficiencia respiratoria que le obligaba a estar vigilada todo el día, por eso nosotros nos hicimos cargo de ella.
Cuando tan solo había pasado un año aun le había cogido más cariño, muchas veces nos peleábamos y con razones pero aun así la quería con todas mis fuerzas y aunque ella fuese pequeña creamos una amistad inexplicable, sentía que entendía todo lo que me pasaba y con ella, mi hermana, se creó una fuente de confianza que nunca se acababa.
Pero como ya se sabe nada es para siempre y el dia menos pensado apareció, ese dia nos llamaron del orfanato para decirnos que había una familia de adopción para Paula. Yo no podía creer lo que estaba pasando, de golpe mi vida fue como si desapareciera y el daño que sufría por dentro no se podía explicar. Me fui llorando sola a fuera, me senté en el columpio y empecé a contemplar el anochecer. No podía creer lo que estaba ocurriendo, me estaban como arrebatando una de las cosas más queridas que tenía en mi vida y no podía soportarlo. Recordé esos grandes momentos a su lado, cada mañana esa olor a sus cereales blanditos a causa de que tardaba en comérselos, esos ojos verdes que brillaban como diamantes, sus noches de terror que acababa durmiendo conmigo, sus carcajadas, esos dibujos animados que tenía que aguantar cada dia y hasta sus berrinches insoportables en este momento me parecían bonitos.
Como ya sabía que esto ocurriría intenté pasar sus últimas horas con ella, explicándole lo tanto que la quería y que la echaría mucho de menos.
Ayer, fue su despedida y ella me sonrió ocultando esas grandes lágrimas, me dijo que aún la distancia en que estaríamos siempre permaneceríamos unidas como buenas hermanas que somos.
Espero que os haya gustado, la tenia resguardada en el ordenador y me propuse colgarla! No está muy currada pero demuestra el amor que hay entre "hermanastras". Aunque en realidad hermanas no es el hecho de tener la misma sangre sino de comportarse como tal, como la persona que siempre te ayuda, te apoya, etc. Eso es una hermana, y yo puedo decir que tengo una, me siento feliz de tenerla.

domingo, 11 de marzo de 2012

RELATO: Despedirse solo es un acto

Des de hace bastantes años en mi casa somos una familia de acogida, eso quiere decir que cuidamos a los recién nacidos huérfanos hasta que encuentran una familia que los adopte. Siempre nos traían bebés hasta que llego Paula, ella tenía 4 años y vivía en el orfanato hasta que le diagnosticaron una deficiencia respiratoria que le obligaba a estar vigilada todo el día, por eso nosotros nos hicimos cargo de ella.
Cuando tan solo había pasado un año aun le había cogido más cariño, muchas veces nos peleábamos y con razones pero aun así la quería con todas mis fuerzas y aunque ella fuese pequeña creamos una amistad inexplicable, sentía que entendía todo lo que me pasaba y con ella, mi hermana, se creó una fuente de confianza que nunca se acababa.
Pero como ya se sabe nada es para siempre y el dia menos pensado apareció, ese dia nos llamaron del orfanato para decirnos que había una familia de adopción para Paula. Yo no podía creer lo que estaba pasando, de golpe mi vida fue como si desapareciera y el daño que sufría por dentro no se podía explicar. Me fui llorando sola a fuera, me senté en el columpio y empecé a contemplar el anochecer. No podía creer lo que estaba ocurriendo, me estaban como arrebatando una de las cosas más queridas que tenía en mi vida y no podía soportarlo. Recordé esos grandes momentos a su lado, cada mañana esa olor a sus cereales blanditos a causa de que tardaba en comérselos, esos ojos verdes que brillaban como diamantes, sus noches de terror que acababa durmiendo conmigo, sus carcajadas, esos dibujos animados que tenía que aguantar cada dia y hasta sus berrinches insoportables en este momento me parecían bonitos.
Como ya sabía que esto ocurriría intenté pasar sus últimas horas con ella, explicándole lo tanto que la quería y que la echaría mucho de menos.
Ayer, fue su despedida y ella me sonrió ocultando esas grandes lágrimas, me dijo que aún la distancia en que estaríamos siempre permaneceríamos unidas como buenas hermanas que somos.


*Esta es una pequeña redacción, un pequeño relato el cual muy currado no está pero ya lo tenía de hace tiempo en el ordenador y quería colgarlo!
*Gracias, espero que os haya gustado.

lunes, 5 de marzo de 2012

RELATO: Estúpida persona.

-Cállate.
No podía parar de pensar y a la vez empecé a escuchar mil voces diferentes, estaban gritando y demostraban su dolor a cada sonido que salía de sus bocas.
No quería escuchar y cogí el primer vaso que encontré cerca. Lo tiré al suelo y de golpe un estruendo atormentó mis oídos. Cerré los ojos y vi a una niña cuyo cabello era negro y los ojos blancos. Era ciega y empezó a levantar sus brazos, con la mano tocó su pelo. No podía observarlo bien pero si, era verdad. Esa niña se arrancó un mechón de su cabello aspero y enredado. Me giré, abrí los ojos. Por fin pude no verla pero al volver a cerrarlos la volví a ver pero con más niñas al lado. Un aire frio tocó mi piel, las pestañas se movían suavemente y los labios se cortaban a cada segundo más y más.
-¡IROS!
Volví a decirles algo a esas niñas locas, no sabían ni lo que hacían y empezaban a pegarse entre ellas. Una mano se vio lanzada hacia la nariz de la otra y la retorció. Gritó de dolor y a la misma vez le devolvió el daño a la otra.
Abrí de nuevo los ojos, y era ella. Mi madre, me preguntó que porque lloraba. Yo no me había dado cuenta, me toqué los ojos y los encontré húmedos con gotas cayendo hacia el cuello para abajo. En se momento sentí un escalofrio, cerré mi mirada y tuve suerte, esas niñas no volvieron a aparecer. ¿Fue mi madre? Esa mujer que me había dado vida me había vuelto a salvar de otra de mis muchas locuras. Estoy harta de no poderme curar yo a mi misma, de necesitar a otras personas y que muchas veces no podrán estar por mi.
Lo siento, siento haber molestado tu ser, quiero hundirme en mi miseria. Ella se fue, ya no estaba en esa cocina fría y blanca como la nieve en la montaña. Sentí algo, un ruido. Esa presión en el pecho, como si me hubieran dado un golpe, me guió hacia la ventana de mi habitación. Me hizo subir a la cama y me asomé por esa ventanita. Miré hacia el suelo, alguien me llamaba, me gritaba. No conseguía ver quien era, me dijo que mirara aun más, que ella estaba ahí, abajo esperándome. Salí más de lo previsto por la ventana y de golpe sentí el viento. Heché a volar como un gran pájaro y fui a ese lugar misterioso donde el dolor estaba presente, un ruido exclamó.
Lo siento, siento haber molestado tu ser, quiero hundirme en mi miseria.